Un baño de agua fría es lo que menos necesito hoy
Me gusta bañarme con agua fría. Me gusta recibir ese chaparrón de sensaciones, donde la piel se eriza, los párpados se abren, la respiración se corta. Me gusta sentir esas gotas heladas bajando por mi cuerpo, llenándome de energía matutina. A manera de ego creciente, pienso para mí mismo que una de las razones por las que tengo tan buena salud es porque me baño con agua fría. No importa si estoy en Bogotá, esta ciudad gris, fría y malagradecida. O en Cali, ciudad caliente pero igual de malagradecida, donde el agua fría es tibia, a pesar que los demás digan lo contrario. Hoy me desperté a las cuatro, como ha venido pasando frecuentemente en los últimos meses. Abrí los ojos bajo esa penumbra de la madrugada y me quedé mirando por un rato el techo imaginario detrás de la penumbra. Los perritos se despertaron y empezaron a caminar alrededor de la cama, como reclamándome, por haberlos despertado con mis movimientos en la cama. Yare no se despertó. Casi nunca se despierta. Tal vez por lo can...