Historias de Bus
Son las seis cincuenta de la noche, la temperatura afuera debe ser de 15 grados. El hombre es rubio, casi pelirrojo, bajito y bastante gordo. Tiene la mirada cansada, como de alguien que ha tenido que caminar mucho, viste una camiseta blanca y una sudadera azul oscuro, lleva colgada al hombro una maleta pequeña de color gris y en la mano tiene un carné de color verde, se para en la mitad del pasillo y con voz lenta pero fuerte, con un acento fuera de lo común, empieza a hablar:
“Buenas noches señoras y señores. Mi nombre es Lionel Yarina. Por mi acento se darán cuenta que no soy de acá, soy uruguayo, y estoy en Colombia de paso. Por cosas del destino, viniendo de Manizales me asaltaron, me robaron el dinero, el pasaporte, y me dejaron sin nada, solo pude rescatar la cédula, que les muestro en este momento para que puedan apreciar y darse cuenta que hablo con la verdad".
"Es difícil la situación que vivo ahora, sé que para muchos de ustedes es inoportuna mi presencia pero considero que echarle la mano a alguien que lo necesita es decoroso, por eso y como no tengo alternativas, estoy cansado y tengo hambre, decidí montarme en buses para solicitar ayuda".
"Esta tarde, después de mucho caminar, logré llegar hasta la embajada del Uruguay, pero solo encontré el vigilante quien me dijo que están en asueto hasta el lunes, que solo en el consulado de Cali están trabajando las oficinas diplomáticas. Por eso, señoras y señoras, vengo a solicitar su ayuda, pues necesito reunir los treinta mil pesos del pasaje hasta Cali para así lograr solucionar mi problema y regresar a mi país. El pasaje cuesta mucho más pero en el terminal un transportador está dispuesto a llevarme por esa plata.".
"Desde las cuatro de la tarde hasta ahora he logrado reunir cuatro mil cien, espero poder reunir el resto antes de que termine el día, y por eso, con toda la pena del mundo pero con la esperanza de contar con su ayuda, vengo a solicitar su colaboración, cualquier moneda que me permita completar el dinero. No sé si alguno de ustedes se ha visto en esta misma necesidad o en la angustia de sentirse solo en un país extraño, sin dinero, sin ayuda, sin salida. No quiero desearle a nadie este sentimiento de frustración, de tristeza y soledad que en mí se manifiesta. Tan solo espero poder reunir el dinero, viajar a Cali y poder volver a mi país, con los míos, con mi familia, a mi trabajo de comerciante en una distribuidora de repuestos para maquinaria".
"Me gusta su país, es un lugar bonito, con gente que vale la pena, y aunque mi situación es crítica por culpa de colombianos, no por eso podría odiarlos a todos, tienen mucho que agradecer a Dios y espero que sepan apreciar lo que tienen".
"De verdad gracias por cualquier ayuda que me puedan prestar, Dios sabrá recompensar esa labor que harán hoy conmigo. Que el Señor, que no desampara a nadie, los bendiga. Buenas noches”.
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