Llueve de nuevo en Bogotá

Hoy está lloviendo en Bogotá. Es una mañana fría y gris, como muchas que he visto desde los diez años que llevo viviendo aquí. Me mojé bastante esta mañana al sacar a los perritos a hacer sus necesidades, pero no me importó, ellos necesitaban salir. 

Ahora son casi las nueve y el sol se alcanza a ver, como un círculo opaco, tratanto de iluminar sin lograrlo del todo. Las nubes grumosas no lo dejan. Pero él sigue ahí, insistiendo, como sabiendo que tarde que temprano va a ganar la batalla. Si no es hoy, será mañana. No deja de persistir.

Estamos de nuevo en cuarentena, la pandemia no cesa. Desde mi ventana se alcanza a ver algo del parque sobre la avenida 25, solo se ve pasar de vez en cuando algún perro sacando a pasear a su dueño, pero de resto no se ve a nadie más.

Siempre me parecieron bonitos y nostálgicos los días lluviosos. Me gustaba mucho como desde la ventana de mi cuarto en Cali, en la casa materna, se veían las montañas borrosas cuando llovía, con esa lluvia tropical envidiable. En Bogotá se acentúa un poco más esta nostalgia, porque el frío abona sentimiento. 

A pesar de la incertidumbre que nos rodea, seguimos viviendo, trabajando, compartiendo. Me preocupa un poco mi esposa, ha estado muy estresada por el trabajo y su cuerpo ha empezado a manifestar inconformidad, se ha venido sintiendo mal. Agradecemos a Dios todos los días por conservar y tener nuestros trabajos en este tiempo, pero al mismo tiempo le pedimos que nos dé la oportunidad de conseguir empleos mejores para cada uno. Ella en uno donde no tenga que trabajar trece horas diarias y yo uno donde pueda desplegar todas mis habilidades. 

Seguimos, no paramos, no nos para nadie.


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